
Sitio Baño Nuevo 1
Aysén a finales del Pleistoceno
La Cueva Baño Nuevo 1 y sus zonas cercanas, localizadas a 80 km al norte de Coyhaique, contienen diversos estratos con vestigios animales que abarcan diferentes épocas, las que comprenden un rango de tiempo ubicado entre unos 12,510 a 5,095 años atrás, a lo que hay que agregar una gran abundancia de evidencias arqueológicas que dan cuenta de la presencia de grupos humanos en el lugar, algunas de las cuales poseen una edad de hasta 9,530 años antes del presente. El lugar fue inicialmente estudiado por el arqueólogo chileno Luis Felipe Bate en el año 1972, época en la que el experto daría a conocer los primeros restos óseos de megafauna de la localidad y también los primeros indicios de actividad humana de edades milenarias en la misma, sin embargo, debido a circunstancias de contingencia social, Bate debió abandonar el país de forma apresurada, sin poderse recuperar hasta la fecha los diarios de campo o las colecciones arqueológicas obtenidas en ese entonces (Velásquez y Mena, 2006; Mena y Reyes, 2001; Mena et al., 2000).

Entre los vestigios más interesantes del sitio se encuentran restos óseos de un oso (Ursidae) prehistórico del Pleistoceno Tardío, pertenecientes a un individúo indeterminado del género Arctotherium, que representa el segundo hallazgo del taxón en territorio chileno, pues también ha sido reportado en localidades de la Región de Magallanes; las mayores dimensiones estimadas para este animal rondan los 360 kg, y se sabe que mantenía una dieta omnívora, con una alimentación en base a carroña y consumo de vegetales de diferentes tipos. Es importante señalar que, según estudios realizados por Soibelzon (2004), todos los ejemplares de Arctotherium hallados en Patagonia corresponderían a la especie A. tarijense, por lo que los huesos encontrados en Baño Nuevo 1 podrían también ser el caso, aunque esto no se ha corroborado aún de forma certera (López et al., 2015; Lopéz y Mena, 2011; Labarca, 2015).

Otro gran carnívoro de la zona fue, posiblemente, la subespecie de jaguar Panthera onca mesembrina, pues se han reportado restos asignados a un felino (Felidae) de grandes dimensiones que presentan gran afinidad con esta última; los vestigios de este jaguar patagónico de unos 190 kg en el sitio provienen de estratos que datan de hace unos 11,665 años (capa 4B), y el taxón ha sido reportado ya en otras localidades chilenas tanto del sur como del norte. Es importante señalar que, debido a la gran cantidad de restos fragmentarios de herbívoros hallados en la cueva Baño Nuevo 1 que datan de una edad similar, se ha especulado que esta fue utilizada por un depredador que llevaba a sus presas (o tal vez restos de las mismas) hasta el lugar, denominado "agente acumulador", el que habría sido incapaz de cazar y transportar a la cueva animales grandes, pero fue efectivo para recolectar y destruir huesos de organismos de entre 100 y 300 kg, pero la identidad del mismo permanece en el misterio (López y Mena, 2011; Velásquez y Mena, 2006; Labarca, 2015).

También destacan múltiples registros de perezosos, entre los que se han podido identificar dos familias diferentes, una es Mylodontidae, que se encuentra representada en el lugar por Mylodon darwini (según algunas fuentes), un gigantesco herbívoro de unos 1.600 kg de masa corporal del que se han encontrado principalmente huesos dérmicos, y Megalonychidae, presente únicamente con la especie Diabolotherium nordeskioldi, que poseía un tamaño más mediano y ha sido reportado hasta ahora tan sólo en dos localidades chilenas (Baño Nuevo 1 y Pampa del Tamarugal), ambos taxones han sido datados para un rango de tiempo ubicado hace unos 13,500-9,000 años atrás. Se conocen hasta seis reportes de xenartros en el lugar (sin contar a Diabolotherium), pero se ignora si todos han sido atribuidos a M. darwini (López y Mena, 2011; Velásquez y Mena, 2006; Labarca, 2015; Bostelmann et al., 2011).

Los restos de litopternos en el sitio pertenecen únicamente a la especie Macrauchenia patachonica y se encuentran datados en unos 11,665 años (López y Mena, 2011; Labarca, 2015; Velásquez y Mena, 2006), este enorme animal era de los más robustos y pesados de su grupo, poseyendo unos 1,100 kg de masa corporal, y tenía sus fosas nasales ubicadas en la parte superior de su hocico en lugar de tenerlas en la parte delantera de su cabeza, adaptación inusual que pudo haberles permitido alimentarse de árboles y arbustos espinosos de forma similar a la jirafa (Giraffa spp.), rasgo que también ha permitido especular que quizás presentaba una pequeña probóscide (Croft, 2016).

En cuanto a ungulados extintos, se sabe de la existencia de escasos restos de caballos (Equidae) de unos 11,665 años de antigüedad en el sitio, los cuales pertenecen probablemente a un individúo del género Hippidion, con afinidad a la especie H. saldiasi, la más pequeña conocida para el taxón, poseedora de una masa de unos 265,60 kg. Cabe señalar que algunos de los vestigios pertenecientes a este pequeño caballo hallados en Baño Nuevo 1 presentan signos atribuibles a depredación por parte de carnívoros de talla pequeña a grande (López y Mena, 2011; Velásquez y Mena, 2006; Labarca, 2015).

De uno de los estratos más recientes del sitio, de unos 7,070 años de edad, se conoce la presencia de cánidos de la especie Dusicyon avus, un zorro extinto de unos 16 kg emparentado con el moderno Lycalopex culpaeus (zorro culpeo) que se ha encontrado en diferentes puntos del país (Velásquez y Mena, 2006; López et al., 2015; Labarca, 2015). Cabe señalar que varios de los restos fragmentarios de grandes herbívoros en la localidad poseen signos de daño atribuibles a miembros indeterminados de Canidae, por lo que se especula que estos animales pudieron haber robado o aprovechado presas cazadas y consumidas por depredadores más grandes como Panthera onca mesembrina y Arctotherium (López y Mena, 2011).

Pueden mencionarse además múltiples restos óseos de camélidos extintos de forma global y local, entre los que destacan vestigios de diversas temporalidades asignados a Lama guanicoe (especie que actualmente ya no habita la zona), otros atribuidos al enorme género Palaeolama y también huesos pertenecientes a un presunto segundo camélido de gran tamaño sin identificar (Velásquez y Mena, 2006; López y Mena, 2011).

Finalmente se pueden constatar múltiples huesos de huemules (Hippocamelus bisulcus) de diversas edades y también evidencias de grupos humanos que cazaron y se asentaron en el lugar hace más de 9,000 años, consistentes en artefactos arqueológicos como flechas, restos de fogones e incluso osamentas, algunas de las cuales presentan rasgos de patrón funerario, como montículos de piedras apiladas sobre los cuerpos o signos de cremación (Velásquez y Mena, 2006; Mena et al., 2000; Mena y reyes, 2001).
Fuentes:
Velásquez, H. y Mena, F. (2006). DISTRIBUCIONES ÓSEAS DE UNGULADOS EN LA CUEVA BAÑO NUEVO-1 (XI REGIÓN, CHILE): UN PRIMER ACERCAMIENTO. MAGALLANIA, vol. 34 (N°2), pp. 91-106. (https://scielo.conicyt.cl/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0718-22442006000200009)
Mena, F. y Reyes, O. (2001). MONTÍCULOS Y CUEVAS FUNERARIAS EN PATAGONIA: UNA VISIÓN DESDE CUEVA BAÑO NUEVO-1, XI REGIÓN. Chungará, vol. 33 (N°1), pp. 21-30. (https://scielo.conicyt.cl/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0717-73562001000100004)
Mena, F., Lucero, V., Reyes, O., Trejo, V. y Velásquez, H. (2000). CAZADORES TEMPRANOS Y TARDÍOS EN LA CUEVA BAÑO NUEVO- 1, MARGEN OCCIDENTAL DE LA ESTEPA CENTROPATAGONICA (XI REGIÓN DE AISEN, CHILE). Anales Instituto Patagonia, N°28, pp. 173-195. (https://www.bibliotecadigital.umag.cl/bitstream/handle/20.500.11893/1346/Mena_Anales_2000_vol28_pp173-195.pdf?sequence=1&isAllowed=y)
López, P., Mena, F. y Bostelmann, E. (2015). Presence of Arctotherium (Carnivora, Ursidae, Tremarctinae) in a pre-cultural level of Baño Nuevo-1 cave (Central Patagonia, Chile). Estudios Geológicos, vol. 71 (N°2), pp. 41-367. (https://www.researchgate.net/publication/284186430_Presence_of_Arctotherium_Carnivora_Ursidae_Tremarctinae_in_a_pre-cultural_level_of_Bano_Nuevo-1_cave_Central_Patagonia_Chile)
López, P. y Mena, F. (2011). Extinct ground sloth dermal bones and their role in the taphonomic research of caves: the case of Baño Nuevo-1 (Andean Central Patagonia, Chile). Rev. mex. cienc. geol, vol. 28 (N°3), pp. 519-532. (https://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1026-87742011000300013)
Labarca, R. (2015). LA MESO Y MEGAFAUNA TERRESTRE EXTINTA DEL PLEISTOCENO DE CHILE. Publicación Ocasional del Museo Nacional de Historia Natural, vol. 63, pp. 401-465. (https://publicaciones.mnhn.gob.cl/668/articles-71221_archivo_01.pdf)
Soibelzon, L. (2004). Revisión sistemática de los Tremarctinae (Carnivora, Ursidae) fósiles de América del Sur. Rev. Mus. Argentino Cienc. Nat., vol. 6 (N°1), pp. 107-133. (https://www.researchgate.net/publication/284701145_Revision_sistematica_de_los_Tremarctinae_Carnivora_Ursidae_fosiles_de_America_del_Sur)
Bostelmann, E., López, P., Salas-Gismondi, R. y Mena, F. (2011). Primer registro de Diabolotherium cf. nordeskioldi, Kraglievich 1926 (Mammalia, Tardigrada, Megalonychidae), del Pleistoceno tardío de Chile. AMEGHINIANA, vol. 48 (N°4), pp. 146. (https://www.researchgate.net/publication/281495330_First_record_of_Diabolotherium_cf_nordeskioldi_Kraglievich_1926_Mammalia_Tardigrada_Megalonychidae_from_the_late_Pleistocene_of_Chile)
Croft, D. (2016). Horned Armadillos and Rafting Monkeys. USA: Indiana University Press.